Relatos y Experiencias

Helga N., 73 años, casada, 3 hijos

Después de sus dos últimos y difíciles partos, Helga N. padece de debilidad ligera de vejiga. Al comienzo de la menopausia se produce un dramático empeoramiento. La pérdida permanente de orina lleva a que la paciente renuncie al deporte, a los emprendimientos y a los viajes. Paulatinamente se produce un completo retraimiento de la vida social que es percibido como aislamiento, especialmente porque ya no puede mantener el ritmo de su activo esposo.

En el bautismo de su nieto menor tuvo lugar una experiencia clave. Durante el almuerzo solemne la Sra. N. debe levantarse para cambiarse el apósito, a lo cual una nieta exclama en medio del silencio: “Mira, la abuela gotea.” Helga N. se retira entonces profundamente deprimida y avergonzada. La hija de Helga N. se entera recién ahora de la debilidad de la vejiga de su madre y se establece el contacto con el Departamento de cirugía del suelo pélvico y uroginecología de la Clínica Ginecológica del Hospital Universitario de Colonia. La Sra. N. es operada con éxito aquí en abril de 2012. Según sus propias manifestaciones, desde ese momento puede hacer todas las cosas que hasta entonces ya no le eran posibles. Entre ellas, viajar, participar de eventos culturales y, no en último término, ir al parque de juegos con sus nietos. Helga N. evalúa la situación después de la OP como que “le han regalado nuevamente la vida“.

Gertrud K., 78 años, viuda

La Sra. K. señala que desde comienzos de la menopausia debe ir con mucha frecuencia al baño. Su esposo, aunque esperarla continuamente frente al baño de damas le resulta molesto, es muy comprensivo.

Cierto tiempo después de la muerte de su esposo en el año 2002 entabla una nueva relación pero por vergüenza de pérdida de orina constante la abandona, lo cual todavía hoy la hace infeliz. La Sra. K. soporta muchos métodos terapéuticos, también invasivos. Además de gimnasia para el suelo pélvico se le coloca un TVT que luego se le retira; tampoco los medicamentos muestran el efecto deseado. En su desesperación, la Sra. K. se deja administrar inyecciones de bótox que realmente alivian la sintomatología. Pero después de la tercera serie debe cateterizarse ella misma porque ya no puede evacuar la vejiga en forma independiente.

Cuando prácticamente ya abandonó la esperanza de llevar una vida despreocupada ve casualmente una nota televisiva en la que se informa sobre el tratamiento quirúrgico exitoso de la incontinencia de urgencia femenina mediante CESA/VASA en el Departamento de cirugía del suelo pélvico y uroginecología de la Clínica Ginecológica del Hospital Universitario de Colonia y pide turno para una consulta. La Sra. K. se realiza la intervención en agosto de 2012. Desde ese momento es continente y puede participar nuevamente de la vida activa junto con su círculo de amigos. Ella encuentra como especialmente positivo que puede salir de la casa sin preocupación y ya no debe prestar atención a restringir la cantidad de líquido que ingiere. Se siente “enteramente bien” y lamenta no haber tomado conocimiento mucho antes de esta posibilidad.